La inversión mundial en la transición energética está aumentando, pero no alcanza lo que se necesita para cumplir los objetivos de cero emisiones netas. Esto amplía el déficit de financiación y aumenta la demanda de proyectos de descarbonización creíbles, financiables y escalables. Los cambios en el panorama político, los riesgos físicos impulsados por el clima y la desigualdad de financiación entre las tecnologías están obligando a las empresas a buscar orientación financiera de expertos para apoyar las estrategias de transición.
En este entorno, las empresas industriales y las organizaciones con varios sitios deben avanzar en sus ambiciones de descarbonización sin hacer descarrilar las operaciones principales. Deben reducir las emisiones, controlar los costes a largo plazo y reforzar la resiliencia, sin aumentar la presión sobre los presupuestos y el flujo de caja.






